SILENCIO

ANGELINES ROMERO, NOS CUENTA, CÓMO SE CELEBRABA SAN ANTÓN, HACE MÁS DE 60 AÑOS

Angelines Romero. Sesenta y ocho años viviendo San Antón
Angelines Romero, es la vecina de mayor edad del barrio de San Antón. Este barrio madridejense acaba de celebrar sus fiestas en honor al patrón de los animales, San Antonio Abad, al que han venerado en el barrio, desde hace siglos, generación tras generación. Ella ha tenido la oportunidad de conocer a los vecinos de antes y a los de ahora, todos ellos unidos a un signo común de identidad, la devoción a su santo, San Antón, que se encuentra en una de las ermitas de Madridejos, ubicada entre las calles Virgen de Gracia y Cruz. 

“Nací aquí en este barrio hace 68 años y voy para los 69 en abril”, comentaba a Mtnoticiario la vecina madridejense, mientras se escuchaba el tañir de la campana de San Antón, antes de comenzar el Concurso de Mascotas. 

Precisamente, cuando ella era niña, tañir las campanas de la ermita había que ganárselo con motivo de la festividad del santo, y los niños y niñas ponían a prueba su capacidad de trabajo recogiendo gavillas, barrio por barrio, por todo el pueblo, para después ser incendiadas en la gran hoguera de “San Antón”, el día de la víspera del santo. 

“Recuerdo que éramos muy crías, y si queríamos tocar la campana las amigas teníamos que ir a recoger gavillas; entonces nos reuníamos grupos de tres o cuatro chicas o chicos, por separado, e íbamos pidiendo gavillas por el pueblo”. 

Entonces era habitual tener sarmenteras en las casas y los vecinos de Madridejos al paso de los chiquillos se las echaban a la calle desde la misma sarmentera, pues en realidad, todo el pueblo era partícipe de la fiesta de San Antón. 

“Para llevarlas hasta el barrio primero poníamos dos gavillas paralelamente, separadas, y sobre ellas perpendicularmente íbamos colocando más gavillas; después subíamos el montón siguiendo la misma estructura, e íbamos arrastrándolas por la calle, que entonces tenía cantos”. 

En la ermita esperaban las personas mayores del barrio, “que dejaban subir al campanario a quien querían”, quienes se encargaban de recoger las gavillas que las iban amontonando, para la luminaria de vísperas, y según se entregaban las gavillas los muchachos y muchachas tocaban un rato la campana, entonces como ahora, un sueño para los niños y niñas. 

La víspera de San Antón era todo un acontecimiento en Madridejos, el barrio se llenaba de gente, se ponían puestos de pipas, se vivía la fiesta unidos a la tradición de los mayores. El pueblo acudía invitado por los vecinos y era tanta la gente que se reunía que enlazados mano con mano hacían un corro que rodeaba la ermita, y cantaban canciones, entre ellas “el corro de la patata”. 

“Entonces no estaba la telefónica, y éramos capaces de hacer un corro que rodeaba todo lo que ahora es la telefónica y la ermita, mientras se prendía y ardía la hoguera, la gran hoguera, mucho más grande que ahora, que se hacía donde está ahora la telefónica”. 

La hoguera era grande, porque no solo se echaban a arder las gavillas que habían traído los niños y niñas del barrio, sino los vecinos, y los propios vecinos de Madridejos, de cualquier barrio. 

“Cuando terminaba la hoguera, había vecinas que recogían los restos y hacían carbón para calentarse en los duros inviernos de aquellos años, entonces había más de una nevada, y el frío calaba antes a la piel, pese a las ropas de abrigo de aquellos años como las pellizas de los hombres o los mantones de las mujeres”. 

La nieve estuvo presente en más de una festividad de San Antón, en esas circunstancias los hombres se encargaban de hacer grandes bolas de nieve, nos contaba Angelines Romero, que sigue viviendo la fiesta con el mismo ánimo de sus primeros años. 

La hoguera grande presidía el barrio, pero también se hacían hogueras pequeñas en las puertas de las casas de los vecinos, donde se reunían las familias y cocinaban las piezas de la matanza, las cenaban y vivían su San Antón familiar. 

El Día de San Antón 

El Día de San Antón, la misa adquiría el nivel de misa solemne y se celebraba en la pequeña ermita, que se llenaba hasta la puerta y los feligreses se sumaban alrededor de la misma. 

“Era una misa muy hermosa. Entonces, como ahora, estábamos en la campaña de la aceituna, y por la tarde cuando venían los vecinos de recoger la aceituna, se adornaban los carros. Tirados por sus burros o mulas llevaban picatostes y sartas de longaniza, que luego se utilizaban para invitar a la fiesta al pueblo”. 

Los carros llegados desde la olivas se ponían a “santonear”, -todos los carros daban vueltas alrededor de la ermita-, y los vecinos entendían esta parte de la fiesta como si fuera una procesión. 

También se bendecían los animales, siendo este uno de los actos religiosos conservados a lo largo del tiempo en todos los municipios y ciudades que celebran la festividad de San Antón, y por supuesto, como no, en Madridejos. 

La actual ermita de San Antón es la ermita original de hace siglos. No ha sabido datarse su construcción, pero sí se sabe que ha sido restaurada para que conserve su estructura original. Sus paredes de tierra hacen de ella un lugar acogedor en cualquier estación. Y el santo es el que se conoce de toda la vida, los vecinos creen que llegó desde Egipto. 

Para terminar, Angelines Romero apuntó que el barrio de San Antón, contaba con un número importante de vecinos hace ahora más de 60 años. La densidad de población ha bajado mucho, ahora muchas casas están vacías, casas que tenían vecinos y ahora no están habitadas. 

Lo que no ha cambiado es la convivencia entre los vecinos del barrio. Conservan el puerta a puerta de sus antepasados, se unen en esta fiesta para seguir dando a Madridejos una celebración con motivo de San Anton dentro de sus posibilidades, y no dudan en seguir transmitiendo a las nuevas generaciones la devoción al santo, a San Antonio Abad, patrón de los animales, un santo que supo vivir y transmitir el amor desde la pobreza, el cuidado y admiración de la naturaleza. 



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