LA CAMPAÑA DE VENDIMIA EN MADRIDEJOS SE PRESENTA NORMAL EN CUANTO A PRODUCCIÓN Y DE MUY BUENA CALIDAD

La incorporación de maquinaria está sustituyendo a la recogida de la uva a mano

La reconversión del sector no ha sido atendida debidamente por la Administración 

La campaña de la vendimia en Madridejos alcanzará una producción normal para la zona, pues el 20%, aproximadamente, que puede incrementarse la cosecha respecto al año anterior, tiende a equilibrar la producción, pero no a incrementarla respecto años de producción normales. Este año la vendimia ha llegado con muy buena calidad pero los viticultores reclaman precios más justos y menos inspecciones. 

El tesorero de la cooperativa Nuestra Señora de Valdehierro y viticultor de por vida, Moisés Sánchez Gutiérrez, explicaba que el inicio de la campaña se retrasó unos diez días ya que las analíticas no daban los grados necesarios en los laboratorios.

“La Garnacha no estaba a punto y el tinto de pámpana blanca que es mucho más tardío tampoco, a principios de campaña ya que en el laboratorio el tinto daba entre los 9 y 10 grados cuando lo normal es que fuese 12, por lo que se ha tenido que esperar a que alcance su grado”, indicó el agricultor a título principal.

La primavera fue lluviosa y con bajas temperaturas, en la zona de La mancha toledana, lo que tuvo como resultado una floración más tardía, retrasando con ello la campaña. Esta circunstancia también afectará al olivo, ya que debido a los condiciones meteorológicas del segundo trimestre del año la producción viene con retraso.

Moisés Sánchez Gutiérrez, además de ser viticultor, pertenece a la Junta Directiva de la Cooperativa “Nuestra Señora de Valdehierro” de Madridejos, y como cooperativista manifestaba que el sentir de la cooperativa es de desacuerdo con los precios que se pretende comprar la uva en el mercado, que rondan las 3 pesetas por kilogrado el blanco y las 3,50 pesetas el kilogrado el tinto. 

“No lo vemos justo, las cooperativas no tienen existencias, y esta campaña no hay una producción exagerada. Se habla de un 20% más que el pasado año, pero es que el año pasado fue un 20% menor respecto a la producción normal, por lo tanto esta campaña se recogerá una producción normal para la zona, no un 20% por encima de lo normal”, expresaba el viticultor y cooperativista. 

Para los viticultores frente a las 3 pesetas el kilogrado de la uva blanca los justo sería que se pagase entre 4,5 y 5 pesetas el kilogrado, y respecto al tinto que se quiere pagar a unas 3,5 pesetas el kilogrado su precio debería estar entre las 5 o 6 pesetas. 

“Lo lógico es que se comprase a una media de entre 45 y 50 pesetas el kilo de uva en blanco, porque esas 15 pesetas de diferencia, entre el precio de mercado y el que merece la uva, sería nuestra ganancia, porque al precio que quieren comprar, es a precio de coste, y eso no es justo”, indicaba Moisés Sánchez. 

La calidad llega “extraordinaria”, no ha habido enfermedad, tuvo algo de ceniza la vid pero se corrigió a tiempo, y en ese aspecto los viticultores celebran la presentación de la cosecha de esta campaña 2018. 

El viticultor se hace una pregunta, precios más justos sin subvención, o precios al coste o por debajo del coste con subvención, y la respuesta es clara, y prácticamente unánime, se prefiere que al producto se le dé el valor que merece y olvidarse de las subvenciones. 

“Creo que todos los que nos dedicamos al cultivo de la vid, como a cualquier otro cultivo, preferimos un precio más justo y nada de subvenciones. Las subvenciones son cazarrecompensas, compensan en algo el precio al que te compran el producto, pero no llegan a tocar su precio justo”, opina Sánchez Gutiérrez. 


El sector vitícola está sano pero disconforme con la Administración. La incorporación de nuevas variedades vitícolas no ha favorecido, ni a la cooperativa ni al productor, porque estas variedades se cultivan en bajos porcentajes, y su producción no da para abrir depósitos para esas nuevas variedades; por otra parte la uva no recibe el precio que merece porque las nuevas variedades tienen precios más altos y se pagan al precio de un tinto o un blanco. En este sentido según los viticultores de la comarca, la Administración puede haberse equivocado por no comprender a los agricultores en sus peticiones y deseos. 

“No se han controlado los proyectos de reestructuración y reconversión, y ello ha llevado a que los agricultores hayan optado por otras variedades, pero han plantado lo que han querido, y el resultado es que hay decenas de variedades pero en pequeñas cantidades. Si se hubiese concentrado se podría elaborar vino de nuevas variedades, y eso no se ha podido hacer, porque la única solución que hemos dado a la reestructuración es mezclar las variedades blancas con la variedad blanca predominante, el airén, y las tintas con la variedad tinta más productiva, la cencibel o garnacha, por lo que se pierde en precio y calidad”, informó Moisés Sánchez. 

“Con 10 mil kilos de la variedad Macabeo, no podemos elaborar vino de esa variedad, ahora si recogiesemos 100 mil kilos se podría hacer un depósito y elaborar un Macabeo puro, pero eso hoy por hoy no se puede hacer”, indicó el viticultor. 

Macabeo, Verdejo, Syrah, Cabernet Sauvignon o Merlot, son algunas de las variedades que se han cultivado en Madridejos y pueblos de los alrededores, pero el airén representa el 90% de la producción en blanca, y hay algo de Macabeo y Verdejo; mientras que en el tinto predomina la Cencibel y la Garnacha, y hay escasas partidas de Syrah y Merlot. 

En Madridejos son grandes viticultores los que tienen entre 45 y 50 hectáreas, pero son hectáreas que están repartidas en muchas parcelas. Por lo general las explotaciones suelen ser pequeñas, porque una explotación grande sería la que ocupase las 100 o 200 hectáreas, caso que no se da en la zona. 

Inspecciones

Los temporeros deben llevar su contrato de trabajo en regla, y es temporero tanto la persona ajena que entra en una explotación a vendimiar como el familiar. Hoy no se permite que nadie esté trabajando sin tener contrato de trabajo y estar dado de alta en la Seguridad Social, circunstancia que no comparten los pequeños viticultores, quienes hacen uso de la mano de obra familiar para sacar adelante su producción.

Las grandes explotaciones, aceptan más estas normas, pero en el caso del pequeño viticultor no se entiende, pues entre los precios a los que se compra la uva en el mercado y los gastos que conlleva tener a tu propia familia trabajando, la vendimia no sale rentable.










Comentarios