CÓDIGOS Z



Las consultas de psiquiatría atienden cada vez más a personas con problemas de la vida cotidiana. No sufren patologías o trastornos mentales, pero son personas que no pueden afrontar sentimientos de tristeza, impotencia, soledad, rabia y frustración, entre otros.

Son los códigos Z, según la psiquiatría: intolerantes al sufrimiento, perpetuos insatisfechos e incapaces de enfrentarse a los problemas comunes. No son pacientes psiquiátricos, y por tanto,  no necesitan la atención de un especialista en salud mental. Las etiquetas que se les ponen son muchas: síndrome posvacacional, astenia primaveral, estrés, conflictos de pareja o laborales… Se presentan con síntomas físicos y no cumplen los requisitos de trastornos mentales definidos.

La sociedad reclama individuos sanos y además felices. Una sociedad que no concede tiempo para la pérdida, la limitación, las crisis o los cambios. Es decir afrontar y asumir los cambios internos y externos de la vida cotidiana. A menudo la salida más fácil para el médico y el paciente que quiere una solución pasa por los antidepresivos, cuyo consumo se ha triplicado desde al año 2000. Pero la solución no es la medicación.

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